lunes, 21 de diciembre de 2009

Me acuerdo.

Cuando ese muchacho viró y levantó su último cáliz. Recuerdo que deseó con mucha ferza y habló con El. Ahora mismo lo veo tranquilo, con un trepidar inquieto pero solapado. Creciendo y teniendo paciencia y lo que siempre dejó que subsistiera: su fe.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Viernes

Me dejaron colgado en la línea y no me dieron pase. How i feel? Como que debería haber gastado mi tiempo en otra cosa. Supongo que fue emoción, ilusión por parte del condutor, al cual respeto mucho. Sin embargo, querría más bien un refresco, unas tablas de madera, un sol tibio, una hamaca y pensar que por ser viernes, descansaré con ella que me dice baby, y me enamora siempre.

martes, 22 de septiembre de 2009

Temor es temor.

Un niño se cae mientras juega divertido. Sus rodillas duelen, sus manos están raspadas. Deja de jugar. Rompe en llanto. Ya adulto, los años escriben en su hipotálamo que es mejor estar serio cuando maneja. Y presiona su cuello sobre el trapecio. Y no balancea. Y queda atascado en el tráfico.

lunes, 25 de mayo de 2009

El lunes cercano al martes

Sólo falta una hora para estar cerca a ti, Luisa. Saliste proyectado como sombra de luz, es decir, algo imposible. Volaste dentro del cuarto, la viste, te sorprendiste por la escaramuza mental. Hasta que Luisa te miró.

Luego, luego. Existieron los demás días para los látigos en la espalda y la escritura de algo sinsentido.

lunes, 18 de mayo de 2009

Un lunes más.

Es una protesta. Luisa, está protestando, pienso. Estoy sentado a su costado y ella ni se inmuta. Sabe muy bien que estoy a su lado y parece que me prefiere en silencio. Afuera parece imperceptible el mundanal ruido.

Sabes, a veces quisiera tener la fortaleza que tiene mi enamorada. O ese desdén por las cosas filosóficas. Luisa ahora levanta la mirada, sonríe y cierra los ojos. Quedan sólo algunos minutos para que tener que regresar a la oficina. No quieres irte, dice con los ojos cerrados. No quiero ir allá le respondo. Si pudiera hacer lo que tú haces, también lo haría. Me paro y miro por la ventana pequeña. Allá afuera hace sol y hace frío. La gente tose, trabaja, hablan para olvidarse que trabajan.

No me interesa la gente, dijo serenamente. ¿Qué te interesa entonces? Mirar hacia adentro, sonreir y mirar cómo te incomodas al ver tu reloj.

Me incomodaba muchísimo y quise excusarme con un "no hay chamba perfecta, Luisa" para verla curvar sus labios con una burla fraterna. Ni tú te la crees. ¿Hasta cuándo crees que estaremos así? Se irguió ahora energética marcando el puente colgante de sus vértebras dejando una silueta felina.

Yo hasta que vuelvas. Por lo pronto, sólo te tocará volver a ti. ¿Y qué pasa si no lo hago? Prefieres estas paredes y a una sola persona que a toda esa multitud en ese juego de vidas.

Tiene razón.

lunes, 11 de mayo de 2009

Un lunes

Ya estamos lunes. Vas tres semanas aquí, ¿no crees que debes salir a tomar aire? Luisa estaba con la mirada fija en su pequeño y viejo televisor, apagado.

¿No odias haber comenzado otra vez una semana? Sabes que empiezas esas acciones rutinarias... Todos tenemos rutinas, Luisa. Sí, tienes razón pero tú odias tus rutinas sobre todo porque no eres feliz de llegar a esa oficina. Se nota que no comprendes a tu jefe y que crees que no tienes mucha suerte, hasta empiezas a pensar que es tu culpa, que quizá tú debes adaptarte cuando hay adaptaciones que nos adormecen. Hoy estamos adaptados al estrés como algo normal, al sub sueldo como algo normal, a no recibir beneficios, a estar desmotivado y tener que reirte absurdamente como algo normal. Y eso, hablando sólo del trabajo.

Me dejó callado. Luisa parecía que tenía la habilidad de meterse en el pensamiento de la gente, o al menos, el mío. Pero tú has tenido una buena chamba. ¿Cuánto te estaban pagando, el doble, triple que a mí?

Sí, y me están esperando a que regrese en las siguientes semanas. Eso debería hacerme feliz, ¿cierto? ¿O tomarme vacaciones? Sonrió. ¿Qué lo que no te gusta de tu vida?

Ahora sonreí yo. Me devuelves la pelota. No soy infeliz Luisa. Estoy relativamente bien en comparación de otras millones de personas... Relativamente bien, me cortó Luisa. Estás buscando plata por el camino equivocado al igual que yo. Yo estoy sola, si vieras mi cuenta de ahorro podría largarme, hacer mi empresa o qué se yo. Pero no se trata de dinero. En cambio tú, creo que se trata de dinero y estás infeliz porque no estás haciendo lo que te gusta y ganando plata haciéndolo.

¿Qué es lo que te falta, Luisa? Ahora jugueteaba con sus pies pequeños y giró para ver hacia su ventana. Me hace falta saber que voy a estar bien me conectó sus estrellas verdes para dejarme inmóvil. Mejor anda ya avanzando a tu oficina, se enfundó en su cama.

jueves, 7 de mayo de 2009

Las reglas de Luisa

Ya vas varios días encerrada. ¿No crees que ya es hora de salir? ¿Cómo estás haciendo con la comida? Pregunté curioso, Luisa estaba sentada apoyándose en sus rodillas, su cuarto, sin embargo estaba en orden, no tenía idea de en qué momento ponía todo en su sitio. Eso sí, sus cabellos seguían revueltos, como si prefirieran refrescarle la cara a medias.

Delivery. Y tengo para unos días más. Esta vez, el silencio me animó a que me sentara a su lado. ¿Por qué vienes? Porque eres mi amiga y cualquier amigo se preocupa si su amiga está encerrada varios días en su mini. Ah, ah, meneó la cabeza, han venido un par de amigos más, me contestó indiferente. Y no han vuelto más.

¿Por qué vienes?

La verdad era que ni yo mismo lo sabía. Luisa siempre me pareció un enigma me respondí lógicamente, pero eso no era toda la razón que no se me asomaba concienzudamente. Ni idea, titubeé, Luisa de pronto sonrió. ¿Y cuáles son tus reglas? Giró su cabeza y logré notar su ceja inquisitiva que decía ¿Cómo? Ayer, ¿recuerdas? Hablamos sobre las reglas absurdas, las pequeñas reglas, cómo nos engañaban muchas de ellas...

Mmmf, sé tú mismo, no hagas a nadie miserable y cambia cuando no se trate sólo por conveniencia, sino por convicción.

¡Vaya, sí tienes reglas! Creía que me responderías que no tenías, o no tengas reglas, o algo parecido. Luisa, se levantó y se tiró a su cama, se acomodó mirando a su cabecera, ahí tenía un dibujo impregnado, curvas que dejaban libres algunas siluetas para la imaginación: una mariposa, un remolino, un gato enrollado y demás. Se quedó atada al relieve contrastado y siseó algo para sí misma.

Sólo unas pocas reglas son universales aunque este desquiciado mundo tiene las erróneas sobre nuestros hombros. Como Atlas, señaló a su cabecera.

Me paré, la vi con la mejor sonrisa buena que podía darle. Mira, te traje un chocolate, un triángulo, no debes estar comiendo mucho dulce en estos días. Por primera vez, pude ver dos cometas pardas levantando una sonrisa.

Vete ya, estás tarde para la oficina.